Cuarto de crisis

Manejo de crisis

¿México anticompetitivo?

Joaquin Ortiz de Echavarria

18 Octubre 2018


Imagen y reputación, son palabras que se parecen, pero no significan lo mismo. Y menos cuando se trata de un país. En este sentido México podría tener chispazos de una buena imagen, por ejemplo, con la organización del Gran Premio de fórmula 1. Pero en términos de reputación la inseguridad y la corrupción pesan como maldición milenaria cuando se habla de lo que está pasando.

México se ubicó en el sitio 46 del Índice de Competitividad Global 4.0, lo que implicó un retroceso de dos posiciones respecto al año anterior bajo la nueva metodología del Foro Económico Mundial (WEF), que a partir de este año incorpora los motores de la Cuarta Revolución Industrial, como capital humano, innovación, pensamiento crítico y resiliencia.

Luego de un sexenio en el que la evolución del país en el índice dejó pocas satisfacciones sin lograr filtrarse entre las 50 economías más competitivas del mundo, ahora México ingresa a ese grupo dentro de un total de 140 economías analizadas, pero bajo un cambio en la metodología del WEF

A la dificultad que ha enfrentado el país para avanzar en conceptos que lo han mantenido atrapado en su intención de mejorar la competitividad, como crimen organizado, altas tasas de homicidios y elevada corrupción, ahora también refleja el camino por recorrer en materia de los nuevos factores para enfrentar la Cuarta Revolución Industrial.

El WEF indicó que las áreas de oportunidad del país están en las instituciones (lugar 105), en particular un crónico crimen organizado (lugar 139 de 140 países) y tasas de homicidios (130), servicios policiacos no fidedignos (138) y elevada incidencia de la corrupción (113).

¿Cómo impactan estas variables a los inversionistas?

La violencia; el crimen organizado y en general un sistema de procuración de justicia débil son elementos que modifican radicalmente la operación de una corporación en el país. Sea capital mexicano o internacional, el diseño de un plan de negocios se ve impactado negativamente por los costos que implican inversiones en fortalecer la seguridad física, patrimonial y humana en sus instalaciones. Desde cámaras; bardas; alambre de protección; iluminación hasta autos blindados, guardaespaldas, armas, permisos, perros entrenados; personal capacitado y confiable; son algunos de los componentes de un plan integral de seguridad.

Pero no es todo. Eso es en instalaciones físicas como plantas de producción y oficinas corporativas. Los costos también inciden en la protección de rutas de transportación; vehículos, operadores, sistemas satelitales de rastreo; seguridad en la transportación vía ferrocarril o en barco. Hasta aquí todo es prevención. En caso de crisis el escenario se complica mucho más.

Una empresa mexicana o internacional cuando se enfrenta a un problema de carácter delictivo: robo, asesinado o secuestro de uno de sus empleados se debe reaccionar inmediatamente; absorber el costo y encaminar la resolución del problema vía autoridades municipales, estatales y federales en el marco de la ley. Pero en muchas ocasiones prevalece la corrupción e incluso la colusión de autoridades con criminales. Y de ahí se tiene que lidiar con procesos jurídicos eternos en ministerios públicos que no tienen la capacidad humana o la infraestructura para desahogar los miles de casos que enfrentan.

Y aunque el reporte del Foro Económico Mundial destaca que la competitividad de México está cimentada en un ambiente de estabilidad macroeconómica y en la extensión de su mercado, que ofrecen todavía espacio para mejorar, la inseguridad y la corrupción siguen siendo un lastre enorme en la ecuación.

“La competitividad del país está fuertemente impulsada por un ambiente de estabilidad macroeconómica y un gran tamaño de su mercado. Hay otras razones para ser optimistas sobre su trayectoria de crecimiento, supera a otros países latinoamericanos en términos de dinamismo empresarial, en parte por el relativamente favorable entorno administrativo para las empresas”, destacó el WEF en su reporte.

Aspectos en el mercado laboral aún tienen espacio para mejorar, así como en educación y capacidades, rubros en los que el país está más rezagado. Manuel Molano, director general adjunto del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), indicó en entrevista que los resultados señalan de qué pie cojea el país: las instituciones y el Estado de derecho.

“Esa parte se va a tener que trabajar con más inteligencia en las próximas administraciones, porque son factores que sí pesan en la competitividad del país. Las instituciones tienen mucho que ver con los diversos resultados obtenidos, si se mejoran, a partir de ahí habrá progreso en el índice”, dijo.

José Manuel López, presidente de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo, señaló que México tiene el potencial suficiente para remontar el descenso de dos posiciones que registró en el índice. “Es imprescindible que nuestro país lleve a cabo estrategias integrales para fortalecer el estado de derecho, lo que contribuirá al ataque a la corrupción y a fortalecer la confianza en las instituciones, rubros en los cuales marca retrocesos”, dijo.


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