Cuarto de crisis

Manejo de crisis

¿México al borde de un ataque de linchamientos?

Joaquin Ortiz de Echavarria

4 octubre 2018


De acuerdo con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos durante el 2018, 25 personas fueron linchadas y otros 40 intentos fueron frustrados, aunque las víctimas presentaron distintos grados de lesiones. El caso más reciente sucedió la noche del lunes 10 de septiembre, en la delegación de Cuajimalpa, en la Ciudad de México, donde un grupo de personas linchó a un hombre de 24 años al que señalaron por intentar robar a un niño. El 30 de agosto pasado, una persona fue linchada en el estado de Hidalgo tras ser acusada de robar niños; un día después, pobladores de una comunidad de Puebla quemaron vivos a dos hombres identificados como presuntos secuestradores de menores. En ambos casos, las fiscalías estatales descartaron que las víctimas hubieran cometido el delito por el que fueron atacadas y el titular de la CNDH, Luis Raúl González Pérez, los condenó y calificó como ‘actos de barbarie’.

Así las cosas, en los últimos 26 años, en México se han registrado por lo menos 366 linchamientos en diferentes estados, principalmente en la zona centro-sur del país. Un estudio del Instituto Belisario Domínguez, del Senado de la República, señala que esta expresión de la justicia por propia mano se lleva a cabo después de que se cometieran algunos delitos. En la mitad de los casos de linchamiento, las personas cometieron el delito de robo; un 16 por ciento atropellaron a alguien o tuvieron un accidente de tránsito; y un 7 por ciento fueron acusados de cometer violación, asesinato o secuestro. Aunque el promedio en esos 26 años es de 16 linchamientos por año, en el país se han presentado picos en ciertos momentos. Los linchamientos ocurren, de acuerdo con el Observatorio Nacional Ciudadano, porque la gente no tiene confianza en sus autoridades, por lo que deciden tomar la justicia por su propia mano. En 1997, por ejemplo, se presentaron 27 casos; en 2010, hubo 47 casos; en 2013, hubo 40 linchamientos.

No en todos los casos han tenido desenlaces fatales; algunos de estos incidentes han quedado en golpizas para quienes son retenidos por la multitud. El análisis del Belisario Domínguez cita otro estudio, realizado por el académico de la UAM, Raúl Rodríguez Guillén, sobre linchamientos, y señala que hubo un pico mayor en 2014. “Factores como impunidad y debilidad del Estado de Derecho” son los que propician que diferentes grupos de personas decidan ejercer la violencia, la justicia por propia mano. “Como ejemplo, están los 63 linchamientos en diferentes estados de la República mexicana en 2014, con especial incidencia en Puebla, Estado de México y el entonces Distrito Federal”, señala.

Esta falta de confianza en las autoridades, indica el estudio, dificulta que las personas decidan entregar a quienes acusan de cometer un delito. Los linchamientos están prohibidos en México; sin embargo, castigar estos actos de justicia por propia mano es complicado porque, al cometerse en grupo, es difícil identificar a quien participan en ellos. Este tipo de actos lastiman no solo a quienes sufren las consecuencias del linchamiento, sino también a las comunidades que los cometen, afirman los expertos. “Parte de la preocupación relativa a los linchamientos son las lonas que los vecinos han instalado en las diferentes regiones del centro del país, en la que advierten a los delincuentes que en caso de ser detenidos no serán entregados a las autoridades, sino que serán linchados”.

“Por esto, continua el riesgo de impunidad de quienes realizan los linchamientos y no se descarta que pudieran volver a participar en un acto de este tipo, debido a que el anonimato cubre su identidad. Dicha situación da pie a que se organicen grupos de autodefensas que en algún momento pueden desafiar el poder de la autoridad”, sostiene el estudio. Hoy día, apuntan los analistas, hay otro fenómeno de linchamiento: el que ocurre en las redes sociales.

“Si bien no es sangriento afecta la reputación y la identidad de la víctima, que es acusada sin tener en ocasiones evidencia del delito, o dando celeridad a un incidente sin que se guarde el anonimato de la víctima ante medios de comunicación”, sostiene el análisis. Esta forma de exponer a un supuesto agresor lo convierte en víctima, pues además de afectarlo moralmente, puede ocurrir que otras personas lancen insultos o amenazas contra él o llegue a concretarse alguna agresión.


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