Cuarto de crisis

Manejo de crisis

La crisis nuestra de cada día

Joaquin Ortiz de Echavarria

23 Enero 2017

Una crisis, de acuerdo con los especialistas, es todo aquel evento negativo que interrumpe las actividades normales de una empresa, un gobierno o una persona. Por lo general, llega como una sorpresa y su proceso de escalación es muy rápido –suceden muchas cosas en poco tiempo- y está marcado por la falta de información. Una explosión, secuestro, cyber ataque, desastre natural o un acto terrorista, son algunos ejemplos que podrían ser identificados como una crisis. Y en este sentido, ahora que finaliza el 2016 y comienza un nuevo año, no está de más analizar y conocer a qué situaciones catastróficas se podría enfrentar el mundo y en especial México.

De acuerdo con el Institute of Crisis Magement, al año hay a nivel global un promedio de 60,000 situaciones de crisis solamente en empresas; ello sin contar desastres naturales, terrorismo y actividades criminales o delictivas de alto impacto. De ese número, el mayor volumen se encuentra centrado en casos de corrupción y mala administración. Le siguen daño al medio ambiente, delitos de cuello blanco, casos de contaminación de productos, cibercrimenes y accidentes con heridos y muertos. En lo que ha gobiernos se refiere, las actividades de grupos criminales y terroristas como: atentados, secuestros, tráfico de personas, armas y drogas, son las situaciones que les tienen más ocupados, tratando de contener y resolver eventos cada vez más cargados de violencia.

Una característica importante del volumen de crisis que se están gestando en el mundo es que, al menos, el 78% de estas situaciones ya las conocen las empresas y los gobiernos, pero no se hace nada por evitarlas. Solamente un 22% puede ser considerada una situación única e irrepetible. Lejos están los años en que una crisis se veía como un evento aislado en la sociedad. Situaciones como la fuga de metil-isocianato –producto químico altamente tóxico- en Bhopal, India en donde fallecieron más de 6,000 vecinos a la instalación química que administraba Union Carbide en 1984. También aquel caso emblemático de Tylenol, donde al menos siete consumidores murieron por ingerir un producto farmacéutico adulterado por cianuro, en 1982.

Pero las crisis están a la orden del día. Las redes sociales, los medios de comunicación y el acceso a la información digital le permiten a millones de personas enterarse, casi simultaneamente, de una explosión o de un atentado terrorista. Imágenes de cadáveres mutilados por una bomba, igual que decapitados en México por algún sicario asociado a un cártel de la droga, son situaciones que se ven como normales en el mundo de la información digital. Segundos de haber conocido la información, habrá otra crisis peor que la anterior.

¿Cómo están las cosas en México? Definitivamente la inseguridad, el secuestro y la fallida lucha contra el crimen organizado son temas centrales en el mundo de las crisis. Aún pesan en la opinión pública los más de 70,000 muertos en la administración del expresidente Calderón y los más de 25,000 mexicanos desaparecidos. Durante la administración del presidente Enrique Peña Nieto, el número de muertos, resultado de la violencia es similar, al comparar año, año con el de Calderón. Solamente en 2016, de acuerdo con el Secretariado del Sistema Nacional de Seguridad Pública, se han acumulado 29,452 homicidios, de los cuales al menos 17,063 son dolosos y de esa cantidad hay 10,428 por arma de fuego.

En el terreno de los secuestros, el año que termina suma 904 y por lo menos 88,017 extorsiones denunciadas. Hay que decir que cientos de secuestros y miles de extorsiones no se registran en las cifras oficiales, pero expertos en el tema, comentan que se podrían duplicar los datos de la administración de Peña Nieto, si se dan a conocer el 100% de estos delitos. Desde el punto de vista de la prevención del delito, de acuerdo con el Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia, con un presupuesto superior a los 118 mil millones de pesos; hay un enfoque prioritario en 57 demarcaciones que concentran más del 40% de los delitos que se cometen en el país; acciones en otros 251 municipios y 32 convenios con las entidades federativas.

Independiente de otras crisis que se han dado en México como explosiones de empresas químicas; robo de productos tanto en carreteras como en ferrocarriles o algunos casos aislados de alimentos adulterados y medicamentos caducos, la agenda en el 2017, se tiene que volver a centrar en la inseguridad, la corrupción y la impunidad.

Pero se tiene ir más allá de la retórica. La Política Pública de Seguridad y Procuración de Justicia del gobierno del presidente Peña Nieto tiene como objetivos reducir la violencia, combatir los homicidios, el secuestro y la extorsión ni el restablecimiento de la paz. Su propósito es la reducción de la violencia, el combate a los delitos que más vulneran a la sociedad. Tomando en cuenta la realidad en México, estas líneas suenan huecas y sin sentido.

De acuerdo con especialistas consultados, si México hoy tuviera la estrategia de seguridad correcta; equipamiento; inteligencia suficiente; telecomunicaciones seguras e integradas; policías preparadas y un sistema de procuración de justicia eficiente, se requerirían al menos 10 años para lograr que, al final del túnel, el país pueda tener un escenario de viabilidad en material de situaciones y crisis delictivas.

El camino por recorrer es muy largo. Y como lo indican los datos mundiales en manejo de crisis, hoy las autoridades federales y estatales ya tienen conocimiento, al menos, del 70% de las crisis a las que tienen que enfrentarse. Si no actúan o no quieren hacer nada es porque la corrupción y otros intereses diferentes a la procuración de justicia los tienen plácidamente secuestrados y a millones de mexicanos viviendo en la inseguridad y en la indefención absoluta.