Cuarto de crisis

Manejo de crisis

Drugs USA

Joaquin Ortiz de Echavarria

17 Octubre 2019

“Las organizaciones mexicanas de narcotráfico representan la mayor amenaza de crimen para Estados Unidos y tienen la mayor influencia del narcotráfico", según la Evaluación Nacional de Amenazas de Drogas de la Administración de Control de Drogas de los Estados Unidos (DEA).

Estas organizaciones trabajan en todo el hemisferio occidental y a nivel mundial. Están involucrados en un extenso lavado de dinero, sobornos, tráfico de armas y corrupción, al tiempo que aumentan las tasas de homicidios en México. Producen y trafican drogas ilícitas a los Estados Unidos, incluyendo heroína, metanfetamina, marihuana y opioides sintéticos poderosos como el fentanilo y trafican cocaína sudamericana.

El estudio con fecha de agosto 15 del 2019 indica que a medida que los grupos criminales transnacionales de México expandieron su control del mercado de opioides, las sobredosis de Estados Unidos aumentaron bruscamente a un nivel récord en 2017, con más de la mitad de las 72,000 muertes por sobredosis (47,000) involucrando opioides. Aunque los datos preliminares de 2018 indican una ligera disminución en las muertes por sobredosis, muchos analistas creen que el tráfico continúa evolucionando hacia los opioides, lo que hace posible un aumento futuro de las muertes por sobredosis de opioides. Esta perspectiva preocupa profundamente al congreso.

En julio de 2019, el notorio jefe del crimen Joaquín Guzmán Loera, "El Chapo", recibió una cadena perpetua en una prisión estadounidense de máxima seguridad por su papel al frente del Cartel de Sinaloa. Guzmán había sido extraditado por México a los Estados Unidos en enero de 2017, luego de dos escapes de las cárceles mexicanas. Las principales grupos delictivos mexicanos, mientras crecen su negocio en el suministro de opioides, han seguido diversificándose en delitos como el contrabando de personas y el robo de combustible. Según las últimas estimaciones del gobierno mexicano, el combustible extraído ilegalmente de Petróleos Mexicanos le cuesta al gobierno alrededor de $3 mil millones anuales.

Los grupos delictivos mexicanos han estado en constante evolución. El expresidente Felipe Calderón (2006-2012) lanzó una campaña agresiva contra los narcotraficantes del país, una política que caracterizó a su gobierno, a la que los grupos delictivos se resistieron violentamente. Según algunos informes, había cuatro grupos dominantes en 2006: el cártel de Tijuana / Arellano Félix (AFO), el cártel de Sinaloa, el cártel de Juárez / Vicente Carrillo Fuentes y el cártel del Golfo. Las operaciones del gobierno para eliminar el liderazgo de estos grupos provocaron cambios organizacionales, que aumentaron la inestabilidad entre los grupos y la violencia.

En los últimos 12 años, los grupos más grandes y comparativamente más estables de México se fragmentaron, creando primero siete grupos principales y luego nueve, que se describen brevemente en este informe. La DEA ha identificado a esas nueve organizaciones como Sinaloa, Los Zetas, Tijuana / AFO, Juárez / CFO, Beltrán Leyva, El Golfo, la Familia Michoacana, los Caballeros Templarios y el Cartel Jalisco-Nueva Generación (CJNG).

La tasa de homicidios intencionales en México rompió récords en 2017 y 2018. En 2019, el Sistema Nacional de Seguridad Pública de México reportó más de 17,000 homicidios entre enero y junio, estableciendo un récord más. Para algunos miembros del Congreso de EEUU, esta situación ha aumentado la preocupación sobre la política de devolver a los migrantes centroamericanos a ciudades al otro lado de la frontera, en México, para esperar sus audiencias de asilo, en áreas con algunas de las más altas tasas de homicidio en México.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, que arrasó en las elecciones de julio de 2018, encabeza un nuevo partido: Morena. Hizo campaña para combatir la corrupción y encontrar nuevas formas de combatir el crimen, incluido el tráfico de drogas. Su objetivo era evitar el fracaso de las dos administraciones anteriores para reducir la violencia y la inseguridad. Según algunos analistas, los desafíos para López Obrador desde su toma de posesión incluyen un persistente enfoque ad hoc (improvisado) de la seguridad, la ausencia de inteligencia estratégica y táctica en relación con un mercado criminal cada vez más fragmentado, multipolar y opaco, y la corrupción endémica de los sistemas judiciales y policiales.

México comparte una frontera de casi 2,000 millas con los Estados Unidos, y los dos países tienen históricamente estrechos lazos comerciales, culturales y demográficos. La estabilidad de México es de importancia crítica para Estados Unidos, y la naturaleza e intensidad de la violencia en México ha sido de particular preocupación para el Congreso de Estados Unidos. El aumento de la violencia, la intimidación de políticos mexicanos antes de las elecciones de 2018 y el aumento de los asesinatos de periodistas y personal de los medios de comunicación han seguido alarmando. En 2018, unos 37 alcaldes, exalcaldes o candidatos a alcalde fueron asesinados, y los asesinatos de funcionarios públicos no electos superaron los 500. En 2017 y 2018, se asesinó a un periodista casi cada mes, lo que convierte a México en uno de países más peligrosos del mundo para practicar el periodismo. Hasta principios de agosto de 2019, los informes de prensa indicaron que 10 periodistas habían sido asesinados en México, en un año que parece estar en camino de un nuevo récord general de homicidios.

Según la DEA, la brutal violencia relacionada con el narcotráfico en México durante muchos años ha sido marcada dramáticamente por decapitaciones, colgado público de cadáveres, coches bomba y asesinatos de docenas de periodistas y funcionarios públicos. Más allá de estos crímenes descarados, la violencia se ha extendido desde la frontera con Estados Unidos hasta el interior de México, ardiendo en los estados del Pacífico de Michoacán y Guerrero, en el estado fronterizo de Tamaulipas y en Chihuahua y Baja California, donde se encuentran las ciudades fronterizas más grandes de México: Juárez y Tijuana. Los grupos del crimen organizado han fragmentado y diversificado sus actividades delictivas, recurriendo a la extorsión, el secuestro, el robo de automóviles, el tráfico de petróleo, el tráfico de personas, la venta minorista de drogas y otras empresas ilícitas. Estos delitos a menudo se describen como más "parasitarios" para las comunidades y poblaciones locales de México.


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