Cuarto de crisis

Manejo de crisis

Riesgos nada más

Joaquin Ortiz de Echavarria

14 Enero 2019

¿Qué le depara a México en materia de riesgos el 2019? Antes una bola de cristal; una bruja en escoba o un mago celta, es mejor revisar el documento: Top Risks 2019 Report, que realizó la consultora especializada en riesgos políticos, Eurasia Group, Politics First. La firma reconoce que en México los factores de riesgo interno cobran gran importancia. El nuevo presidente del país, Andrés Manuel López Obrador, comienza su mandato con un nivel de poder y control sobre el sistema político no visto en México desde principios de los noventa. Su partido, Morena, tiene cómodas mayorías en ambas cámaras del Congreso y, junto con aliados, podría reformar la Constitución a voluntad.

Según Eurasia, “esta siempre iba a ser una presidencia complicada para los mercados, y las recientes acciones del nuevo presidente han confirmado nuestras expectativas, que se eran más pesimistas que el consenso. López Obrador cree que muchos de los problemas de México actualmente son producto de las reformas estructurales instrumentadas desde los años ochenta. Estas incluyen la apertura de la economía, políticas macroeconómicas ortodoxas, privatizaciones y la desregulación”.

Para López Obrador, volver a hacer grande a México es llevarlo de vuelta a los años sesenta y setenta. En su primer año, López Obrador se centrará en lanzar sus ambiciosos programas social y de infraestructura, a expensas de la posición fiscal de México. Aunque ha prometido ser fiscalmente prudente, es poco probable que encuentre los recursos para financiar sus proyectos. Él dará prioridad a este gasto de cualquier forma, porque lo ve como crítico para resolver muchos de los problemas del país, incluidos la pobreza, la inseguridad y la migración.

El entorno operativo para las compañías del sector energético será cada vez más desafiante. López Obrador se ha opuesto históricamente a la apertura del sector a la inversión privada, particularmente el segmento upstream (exploración y extracción), y ha nombrado a un equipo con ideas fuertemente nacionalistas. Si bien una cancelación total de la reforma energética es poco probable, las políticas serán más restrictivas, y habrá un esfuerzo por impulsar el papel de las empresas estatales. Todo esto tendrá un impacto negativo en la producción y empeorará aún más el panorama fiscal.

Desde una perspectiva más general, la política pública será menos predecible, más intervencionista y de menor calidad, con efectos negativos para los mercados. López Obrador centralizará la toma de decisiones en sí mismo, y el papel de sus secretarios y asesores será limitado.

Como quedó claro con la cancelación del proyecto del aeropuerto de la Ciudad de México, tomará decisiones basadas en sus creencias y preferencias personales, pues sus asesores más moderados tendrán una influencia limitada. El partido Morena, de López Obrador, también será fuente de demandas e iniciativas continuas, que harán la vida difícil para los inversionistas. Si el Tratado entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC) no es ratificado por el Congreso de Estados Unidos (aunque esperamos que sí lo sea), los riesgos serán mayores.

Finalmente, la seguridad será uno de los principales desafíos para el nuevo presidente, quien carece de una estrategia clara para enfrentar el empeoramiento del problema. Probablemente continuará apoyándose en los militares, junto con reformas como la amnistía para algunos delitos relacionados con el narcotráfico y la legalización de ciertas drogas. Sin embargo, esto difícilmente mejorará una situación cada vez más grave: 2018 fue el año más violento de que se tiene noticia y 2019 podría fácilmente romper este récord una vez más. Hasta ahora, México había estado en un ciclo político y económico distinto al del resto de América Latina, y en una categoría menor en materia de riesgo político. Este año, se parecerá más a sus vecinos del sur.


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